Supongo yo que este concepto debe servir, pero cuan difícil es ejercerlo sin que falte o sobre, cuan difícil es encontrar la justa medida de la AUTORIDAD, que bueno seria contar con un medidor, calibrador o termómetro de AUTORIDAD.
Siempre en nuestro diario vivir pecamos por exceso o por defecto, si nos excedemos bordeamos el autoritarismo, combinado con terquedad e intolerancia, y si nos falta tendemos a convertirnos en maniquís de los que la ejercen.
Los que suponen no tener ningún problema con el conceptico, pasan de opiniones como “es muy fácil, se ejerce la AUTORIDAD hasta que no se afecte el respeto y la integridad del otro”, hasta “yo vivo y dejo vivir”.
Pero que pasa con los que tenemos responsabilidades con grupos o individuos, donde encontramos infinidad de características personales que requieren mayor o menor AUTORIDAD para el cumplimiento de actividades y o formación? Debemos hacer encuestas para saber si la sociedad, el grupo o la persona, le parece bien la AUTORIDAD que se esta ejerciendo? O debemos dejar pasar porque podríamos afectar o frustrar a alguien?
Ahora bien y que pasa con los gobiernos y el ejercicio de la función de estado, en general la sociedad y las personas quieren lideres con AUTORIDAD, o sino como se explican los altos índices de popularidad de Uribe, Chavez, Correa, o los bajos índices de Bachelet en Chile? No se pensaba igualmente que Fujimori en su mejor momento era el mandatario ideal y se afirmaba sin rubor par allá a mediados de los 90 que Colombia requería un Fujimori?
En fin la idea es si el concepto sirve o no, si vale la pena por lo menos hacer el análisis de nuestro manejo de la AUTORIDAD, o tal vez el dilema no exista y sea una “tara” de la personalidad del columnista, pero seria mas sencillo-no significa correcto- si existiera el “AUTORIMETRO” o la ecuación matemática que nos solucionara el problema.